En una mañana nublada, Bruno despierta a las 5:00 am, se prepara café y mira a la ventana; le gusta imaginar a la familia de enfrente y cuando se descubre con una sonrisa niega estar enamorado de esa vida que no tiene. Se baña con agua tibia y espera dos horas a que se le seque el último cabello, tiene esa manía de no salir a la calle si no se encuentra completamente seco.
Después sale hacia su trabajo, cuenta los pasos que da al caminar desde que cierra la puerta de su casa hasta que abre la puerta de su trabajo. Siempre cuenta 681 pasos y piensa que es de buena suerte porque la suma de 6 + 8 +1 es igual a 15 y quince es el número de horas que pasa en el trabajo y 1 + 5 es igual a 6, los días que pasa en el. Y seis son las veces que el cerrojo da vuelta para abrir la puerta.
Pero este lunes nublado, al terminar de contar sus 681 pasos, permanece frente a la puerta de su trabajo, inmóvil, temblando con la llave en mano. La puerta está abierta, y observa a una mujer en su oficina. Y piensa que no es posible que después de tantos años de permanecer solo en ese cubo, ahora tenga que compartirla con esa, esa que le sonríe y le hace una señal de que pase. Y sigue con la llave en mano, dando círculos en el aire; no puede continuar porque no le ha dado vueltas al cerrojo y así, sin moverse, siente una gota que se queda en su saco gris y mira al cielo, podría entrar a su cubo pero no recuerda como es socializar con alguien, como mantener una conversación que dure más de dos minutos, sin silencios incómodos; tiene tanto tiempo sin convivir con otro que prefiere mojar su cabello en la lluvia aunque eso signifique morir.
La mujer lo observa desde el otro extremo de la oficina. A pesar de tener 15 años como afanadora de esa empresa jamás había coincidido con “el social”, como lo llamaban los otros, sólo sabía que nadie sabía nada de él, sólo se limitaba a decir buenos días y ella fue advertida a que nunca debía ser descubierta en aquella oficina por “el social” ya que era muy celoso con sus cosas y no dejaba que nadie entrara a su oficina si no estaba él. Tal vez por eso su oficina quedaba al final del jardín común de la empresa, para no convivir con nadie. Así que ella se acerca poco a poco para tratar de disculparse.
Bruno, mojado por la lluvia, ve a la afanadora que se dirige hacia él, inconscientemente da dos pasos hacia atrás y piensa 682, maldice, 683; se toca el cabello mojado por la lluvia, las gotas empapan su traje gris y sigue pensando 683… y enloquecido trata de ocultar su cabeza de la lluvia, siente que va a morir si se le moja el último pelo de la cabeza y camina 684, 685, 686, 687, 688, 699… lanza un grito al cielo, siente que se le acaba el aire y cae, piensa en que no sería su muerte si hubiera dado seis vueltas al cerrojo, si no hubiera dado un paso atrás o si el cielo no se hubiera enojado con él y le hubiera permitido permanecer con el cabello seco. Le explotó la conciencia y todo se volvió negro.
Los médicos detectaron que la muerte de Bruno fue causada por un coma hiperglucémico hiperosmolar No cetósico . Dos días después fue echado a la fosa común.
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