Porque los perros ensayen
el maullido de los gatos.
Hoy la noche dormía entre una rockola obsoleta de alcohol. I van danzando sus notas dentro de mi canal auditivo, sosteniéndose en clave de sol y un pentagrama irregular que formé con mis trazos. I van caminando perdiendo la vista en una bocanada de aire amargo y seco, carraspeando un te extraño en la garganta. Pero también van muriendo mis notas con el tic tac del reloj que me restriega al tiempo que siempre corre con desgano. I van y muestran unas alas con orificios pequeños que ya no permiten el vuelo libre ni si quiera para salvar a los tiempos o para dejar a un ala pequeña revoloteando en la espalda. El ala chiquita se queda suspendida en el vacío esperando… como espera el perro a escuchar a un gato ladrar o la persona que sigue sentada esperando la felicidad en un frasco.
I van dibujando una breve historia del viento en mi cara y el suelo en tus pies, mi reflejo absurdo de comadrejas volando bajo el manto del dios amarillo, como fotografía infectada de un lánguido gris. Colores… mi piel respira tu cabello y deja humear al espacio. Dejó caer sus manos en la orilla. I van y se olvidan y se repelen y vuelven. I van dándose un abrazo del tamaño de ocho colibríes que bailan alrededor.
Iván se vuelve un reflector que encandila a las pupilas y las hace tiritar de frío. Se vuelve un cangrejo robusto que busca un caparazón, me busca corromperme en un escusado público, y yo busco guardar mis manos entre su boca, jugar con su lengua y quitarle un diente de recuerdo.
Él es volátil, por eso se va difuminando en una panorámica, por eso se dispersa en mi memoria para aterrizar en otro lado, por eso emigran las sonrisas. I van aleteando con más fuerza.
La negación es un simbolismo producto de los estados anímicos de la memoria.
Friday, January 12, 2007
Wednesday, January 10, 2007
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