I
Hoy se cerraron las paredes de mi cuarto. Y mi voz flota por sus canales retumbando en el centro de una habitación sin nombre. A la mitad de un despojo inconcluso.
Este jamás será mío. Este no es más que una visita involuntaria por tiempo indefinido que me ha dejado aquí por razones equivocadas. Me siento sola. Pero no es esa soledad de la que se disfruta. Es de aquellas que te castran por dentro, de las que estás completamente conciente, tanto que podría lamer las paredes de la habitación hasta desgastar mi lengua o llorarlo todo mientras escucho algún réquiem. ¿y que importa? ¿y si ahora me desnudo en mi cama y recuerdo tus manos acariciándome los labios?
Hoy se cerraron las paredes de mi cuarto. Y mi voz flota por sus canales retumbando en el centro de una habitación sin nombre. A la mitad de un despojo inconcluso.
Este jamás será mío. Este no es más que una visita involuntaria por tiempo indefinido que me ha dejado aquí por razones equivocadas. Me siento sola. Pero no es esa soledad de la que se disfruta. Es de aquellas que te castran por dentro, de las que estás completamente conciente, tanto que podría lamer las paredes de la habitación hasta desgastar mi lengua o llorarlo todo mientras escucho algún réquiem. ¿y que importa? ¿y si ahora me desnudo en mi cama y recuerdo tus manos acariciándome los labios?
O llamarme en tercera persona, para olvidar la obviedad de mi patetismo:
II
Ella, frágil y obsoleta se mira en el espejo, busca un rasgo de perfección en el maniquí amorfo del otro lado del retrato. La celulitis marca sus muslos en señal de vejez y apatía. “si tan sólo hubieras hecho ejercicio” le dice al reflejo y luego termina de vestirse. Su vida es tan vacía desde que descubrió que los ojos de color son más bellos que los normales, y se pinta la cara y se pone colorete en los labios y una buena dosis de colirio para los despampanantes ojos verdes. Y se checa el escote… y a la verga (con todo).
Se queda por minutos observando los afiches del lugar, sus películas y grupos de rock favoritos. No es más que un fantoche tratando de encajar en una foto de hallowen. ¿Cómo no llorarlo si es igual que el espantapájaros del mago de oz? Si se encuentra sola para seducir a la nada y desgastarse la lengua en las paredes ásperas de una habitación que nunca le ha pertenecido. Meg se queda callada por que ya no soporta el sonido de su llanto cada vez que pierde su lente de contacto, no es el regaño de sus padres por el descuido o tener que volver a pagar por ellos sino que sabe que no se puede esperar nada bueno de alguien que pone toda su vida en dos plásticos frágiles de color verdoso. Se ha vaciado junto a su solución salina.
…
Ella, frágil y obsoleta se mira en el espejo, busca un rasgo de perfección en el maniquí amorfo del otro lado del retrato. La celulitis marca sus muslos en señal de vejez y apatía. “si tan sólo hubieras hecho ejercicio” le dice al reflejo y luego termina de vestirse. Su vida es tan vacía desde que descubrió que los ojos de color son más bellos que los normales, y se pinta la cara y se pone colorete en los labios y una buena dosis de colirio para los despampanantes ojos verdes. Y se checa el escote… y a la verga (con todo).
Se queda por minutos observando los afiches del lugar, sus películas y grupos de rock favoritos. No es más que un fantoche tratando de encajar en una foto de hallowen. ¿Cómo no llorarlo si es igual que el espantapájaros del mago de oz? Si se encuentra sola para seducir a la nada y desgastarse la lengua en las paredes ásperas de una habitación que nunca le ha pertenecido. Meg se queda callada por que ya no soporta el sonido de su llanto cada vez que pierde su lente de contacto, no es el regaño de sus padres por el descuido o tener que volver a pagar por ellos sino que sabe que no se puede esperar nada bueno de alguien que pone toda su vida en dos plásticos frágiles de color verdoso. Se ha vaciado junto a su solución salina.
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