I
Negaremos todos los nombres
en manuscrito sagrado.
Negaremos las frecuencias
que vociferan susurrando un misterio vacío
sepultado de miedo amordazado.
Enterraremos con una espátula
todo aquello que jamás diremos
para colocarlo en una bomba de tiempo
con la esperanza de que nos despedace
y nos sepulte bajo la tierra.
Negaremos dos cuerpos idealizados como perfectos
en una canónica unión obstaculizada.
Negaremos la plenitud
espontánea de tenernos
cuando estamos lejos.
Nos detendremos en esa larga línea atemporal
como pájaros adheridos entre las ramas
en espera de esas aves de rapiña
que vendrán a devorarnos los ojos.
Olvidaremos los discursos dichos
del interminable aferramiento prohibido.
Ya no pronunciaremos nuestros nombres.
Y del recuerdo sólo quedará
una laguna suspendida en la memoria.
